Heme aquí,
Exponiéndote mis pasiones.
Un cigarrillo y
centenares de pensamientos.
Ambiciono abrazarte.
Anhelo besarte.
¡Hombre acércate a mí
cuanto antes! —Sollozaba ella.
Quiero desgastar las
sabanas de tu habitación con nuestras pieles transpiradas por el deseo.
Me enamoré de tu
cuerpo.
.
.
.
Cuando la obscuridad inunda
y el apetito es abrumador.
Sus resuellos y risotadas
se hacen presente,
Dejando a los oidores
en la incertidumbre.
— ¡Hombre que nos escuchan!
—Expresó la joven.
—Pues, apreciada mía, poseo la solución— Cubriéndole la boca con sus tórridas manos.
Y ahí sucedió.
Toda la noche.
Los enardecidos jóvenes
consumaron hasta el hueso.
