Después de haber cruzado océanos de palabras,
Que hacían derramar sangre.
Batallado con miradas de cuervos hambrientos,
Listos para devorar hasta el hueso
Y no dejar rastros de soledad.
Ver caer el crepúsculo,
Y dar senda abierta a los fantasmas,
Que muy hambrientos oyen crujir
Un corazón romperse.
Es ahí…
Cuando una rosa decrépita muere,
Pero no sin antes ver el último arrebol formado en el cielo.
Se escuchó en lo profundo del bosque
Un alarido, que hizo volar al unísono
Las aves que habitaban en las copas de los árboles.
Era ella…
Vociferando palabras de esperanza.
Y como un haz de luz, se levantó.
Emitía un aura de suprema serenidad.
Al fin era ella…
Floreció de las cenizas.
Emergió después de superar
La batalla de los mil
años de suprema agonía.
Vuela.
Que las espinas del lejano dolor que viviste
No te inmovilicen.
Florece como la sublime rosa que eres.
Sonríe e irradia de color,
Los rostros de quien te observe,
Porque ahora eres tú y sólo tú…
Has florecido, mi hermosa primavera.